La crisis ecológica global pone en riesgo la salud, la vida, la continuidad de la propia especie; esto obliga a pensar moralmente respecto de los seres naturales, y a promover que sean legalmente protegidos el aire, el agua, el suelo, las plantas y los animales. Además, se plantea la cuestión del trato que debe darse a los seres vivos individuales; de ésta cuestión nace el debate sobre los “derechos de los animales”, que es relativamente independiente del problema de la pérdida de la biodiversidad terrestre y sus efectos sobre el porvenir de la especia humana.
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